Consejos para el trabajo en equipo

Por Pbro. Wilbur Madera

Día de trabajo en  el seminario.

Día de trabajo en el seminario.

Todavía recuerdo la expresión facial de algunas personas cuando el profesor decía que cierta tarea debía ser hecha en equipo.  Todos dábamos por sentado que sería una pérdida de tiempo y esfuerzo. Pero, por la gracia de Dios, contrario a mis expectativas, he tenido el gran privilegio y la experiencia de participar en equipos de trabajo bien conformados y que sí funcionan. Desde hacer una investigación grupal para la tesis de graduación en la Universidad hasta trabajar con un maravilloso equipo actualmente en la iglesia, he podido disfrutar y aprender algunos principios muy importantes para trabajar eficazmente en equipo.

A continuación, comparto un poco de esta invaluable experiencia adquirida en el camino a través de convivir y trabajar con otras personas con un fin en común. Son principios, actitudes y acciones para que la experiencia de trabajar en equipo no sólo sea efectiva, sino edificante para todos.

  • Adopta la mentalidad del “nosotros”.

El primer requisito para trabajar en equipo es erradicar de nosotros la mentalidad individualista.  Una sola persona no conforma un equipo.  En el equipo todos ganan o todos pierden.  En los éxitos y fracasos, un equipo está junto.  Por eso los equipos solidos no hablan de “ustedes y yo”, sino un constante “nosotros” permea en todas las conversaciones, planes y proyectos.  Es necesario, entonces, cambiar de mentalidad para trabajar eficazmente en un equipo.

  • Reconoce que siempre estás interpretando.

Algo que hace mucho daño a los equipos es que sus miembros no entiendan esta sencilla verdad: siempre estamos interpretando.  La realidad tiene sentido para nosotros con base en nuestro marco conceptual interpretativo.  Ese marco está compuesto por todas nuestras creencias, deseos, anhelos, pensamientos y experiencias. De tal manera que cada evento de la realidad es pasado a través de este filtro interpretativo.

Si no tomas esta verdad en serio, te aferrarás a tu versión de los hechos, sosteniendo que lo que viste y oíste corresponde exactamente a la realidad y excluirás automáticamente cualquier interpretación alternativa que se pudiera sugerir.  Las personas que se detienen a cuestionar o a poner en tela de juicio sus propias interpretaciones de los eventos, hacen más fácil y fluida la dinámica relacional del equipo porque están dispuestas a rectificar o modificar su interpretación. Esto crea una atmósfera grupal en la que se puede crecer y ser muy productivos.

  • Piensa lo mejor de la otra persona.

Ciertamente cabe la posibilidad de que alguien del equipo pueda estar queriendo perjudicarte deliberadamente. Pero también cabe la posibilidad que esté equivocada tu interpretación de las palabras, gestos, ademanes y acciones de alguien más. Por esa posibilidad de error de tu parte, es muy bueno tener como respuesta automática ante cualquier situación el pensar lo mejor de la otra persona.

Practica la disciplina de asumir que la persona es “inocente” de los cargos que tu mente quiere atribuirle, hasta que se demuestre lo contrario de manera fehaciente.  Es decir, ten por costumbre sospechar primero de tu interpretación de los eventos y palabras.  No seas rápido para emitir un veredicto.  Esto ayudará mucho en tu actitud hacia las opiniones y acciones de los otros integrantes del equipo.

  • Habla siempre de frente.

La confianza es un valor que debe cuidarse celosamente en un equipo. Las personas que confían en sus compañeros pueden trabajar con mayor enfoque y creatividad.  Por eso, una regla importante del equipo debe ser que las cosas se digan frente a frente, a las personas indicadas, en los momentos adecuados.

Los equipos se destruyen cuando la cizaña y el chisme son sembrados entre sus integrantes.  Estos vicios corrompen las relaciones y nos alejan unos de otros. Por eso a toda costa, fomenta la comunicación franca y sin intermediarios. No participes en comentarios negativos de otras personas, sobre todo cuando no están presentes.  Si algo se tiene que decir, que se diga mirando a los ojos a la persona correspondiente.  Si no te atreves a decirlo de frente es mejor que permanezcas callado.

  • Escucha la preocupación, no sólo las propuestas.

Algo muy característico de trabajar en equipo es que encuentras diferentes perspectivas del mismo asunto.  Cada cabeza es un mundo, reza el refrán, y en el trabajo en equipo nada podría ser más cierto. Aunque la multitud de propuestas de solución de los problemas es una de las ventajas del trabajo en equipo, también podría considerarse uno de sus grandes desafíos.  Escuchar y procesar propuestas con las que no estamos de acuerdo o son contrarias a nuestra manera de pensar, resulta ser una de las tareas más difíciles para algunas personas.  Por todo esto, es importante no sólo escuchar la propuesta en sí, sino sobre todo, la preocupación que origina que esa persona formule su propuesta.

Generalmente, podemos no estar de acuerdo con cierta propuesta de solución formulada por algún miembro del equipo, pero si escuchamos más allá de las palabras directas que emplea y logramos percibir la preocupación o inquietud de donde parte su propuesta, podremos ver que tenemos muchos puntos de coincidencia, e incluso, quizá estemos totalmente de acuerdo.  Darnos cuenta de este hecho, nos ayuda a recibir con mayor apertura las propuestas de los demás porque coincidimos en el interés común que nos ocupa como equipo.

  •  Reconoce y honra los dones de los demás.

Nadie tiene todos los dones para realizar el trabajo.  Pero Dios ha colocado estratégicamente a las personas a nuestro alrededor con los dones necesarios para cumplir los propósitos. Precisamente, lo maravilloso del trabajo en equipo es que las metas se logran con mayor facilidad porque cada integrante aporta aquello para lo cual fue dotado.

En el equipo es importante reconocer nuestra interdependencia y honrar los dones de nuestros compañeros.  Habla bien de tus compañeros de equipo.  Hónralos en público y también en privado.  Hazles saber tu aprecio por su esfuerzo y tu admiración por sus capacidades y habilidades. Evita entrometerte en áreas donde alguien del equipo tiene dones con los que no cuentas.

  • Relaciónate con los compañeros más allá de la tarea del equipo. 

Relaciónate con los compañeros más allá de las tareas de equipo.

Se intencional en promover la convivencia del equipo.

Las buenas relaciones son un ingrediente clave para tener un equipo sólido.  Esas buenas relaciones requieren inversión de tiempo y compartir la vida.  Funcionas mejor cuando conoces lo suficiente a las personas con quien compartes la tarea. Por todo esto, esos momentos de convivencia informal se vuelven algo clave para que un equipo crezca en relación y cohesión.

A algunos les parece pérdida de tiempo la convivencia informal con los integrantes del equipo, pero en nuestra experiencia, han sido momentos muy valiosos.  De momentos como esos, han surgido las mejores ideas que luego se han concretado en programas, proyectos o en planes de acción.  Se intencional en promover la convivencia del equipo más allá de los momentos oficiales de trabajo. Los equipos que saben reír juntos, tienen más facilidad para luchar juntos por el mismo fin.

 

  • Admite tus faltas y confiésalas.

No tengas la menor duda, algún día cometerás alguna falta contra alguien del equipo.  Es cuestión de tiempo. Entonces, la pregunta es ¿Qué vas a hacer cuando la cometas? Hay dos maneras de responder: la incorrecta y la correcta.  La incorrecta sería minimizar la gravedad de la falta, presentar puras excusas para explicar tu proceder o peor aún, echar la culpa a alguien más.

La manera correcta de enfrentar nuestras faltas es, primeramente, reconocerlas sin excusas ni supuestas explicaciones.  Admite responsablemente tus faltas sin suavizarlas. Luego, confiesa a quien tengas que confesar y solicita su perdón humildemente.  No pienses que tu liderazgo quedará en entre dicho si confiesas y pides perdón.  Todo lo contrario, los líderes que saben reconocer sus faltas y pedir perdón, se establecen como líderes accesibles y confiables con quienes las personas quieren trabajar.

  • Practica la transparencia de ideas y acciones.

En un equipo las cosas deben realizarse con total transparencia para evitar al máximo todo mal entendido y sospecha.  Cuando realizamos acciones sin comunicar al resto del grupo podríamos dar la impresión de estar siguiendo algún interés personal y no el bien común del equipo. Lo mejor es hacer a la luz del día todas las acciones que emprendamos, comunicando nuestras ideas, planes o iniciativas al resto del equipo para que nos den su opinión y nos hagan preguntas y comentarios.

  • Sé paciente con las debilidades de los demás.   

    Tus fortalezas son las debilidades de alguien en el equipo.

    Tus fortalezas son las debilidades de alguien en el equipo.

No todos son tan rápidos como tú.  No todos son tan hábiles como tú para ciertas tareas. Tus fortalezas son las debilidades de alguien más en el equipo y viceversa.  Esta situación plantea el escenario para que se manifieste nuestra impaciencia ante la lentitud, la inexperiencia o falta de habilidad de alguien más en ciertas tareas del equipo.  Simplemente, ponte en los “zapatos” de la otra persona.  Piensa en tu debilidad más grande e imagina como sería estar trabajando con una persona cuya principal fortaleza sea, precisamente, esa tarea que es tu mayor debilidad. Siendo empático podrás ejercer mayor paciencia con tus compañeros de equipo.

  • Confía o confronta; no sospeches.

Sospechar de los demás miembros del grupo atenta contra la confianza mutua que debe reinar en un equipo.  En ese sentido, no hay peor decisión de nuestra parte que quedarnos sin disipar nuestra sospecha.  En el caso de sospechar algo, tenemos dos opciones: confiar o confrontar.

La primera consiste en tomar como errada nuestra interpretación de los eventos o palabras de las otras personas, se decide pensar lo mejor de los demás y mantener nuestra confianza en ellos como si nada hubiera pasado.

La segunda consiste en ir directa y prontamente con las personas involucradas y preguntar acerca de lo acontecido para aclarar cualquier mal entendido o falsa interpretación que se pudiera estar dando.

En cualquier caso, lo que se quiere evitar a toda costa es quedarse con la sospecha en nuestro corazón porque ésta acabará por destruir las relaciones dentro del equipo.

No debemos tener temor al trabajo en equipo. Al contrario, es la mejor manera de servir en la vida y el ministerio.  Ciertamente presenta varios desafíos, pero las recompensas son invaluables.  Pongamos todo nuestro empeño y corazón a trabajar coordinada y estratégicamente con otros hacia un fin en común.


 

WMaderayesposaWilbur Madera es Pastor de la Iglesia Nacional Presbiteriana de México desde 1997. Ha sido Decano y Rector del Seminario Teológico Presbiteriano San Pablo, de Mérida, Yucatán. Desde 1997 y hasta la fecha tiene la bendición de ser parte del equipo pastoral de la Iglesia Nacional Presbiteriana Shalom de Mérida, Yucatán.