El ABC de la relación entre Padres e Hijos El ABC de la relación entre padres e hijos.

Por Pbro. Wilbur Madera

La relación padres e hijos no es asunto fácil. La buena noticia es que Dios nos ha dado estas 2 verdades importantes para guiarnos en ambos roles.

A continuación encontrarás la primera parte de este artículo:

Cuando pensamos en la relación entre Padres e hijos desde una perspectiva bíblica, inmediatamente vienen a nuestras mentes dos pasajes paralelos del Nuevo Testamento: Efesios 6:1-4 y Colosenses 3:20-21.  En ambos textos se nos presentan dos verdades directas: Hijos obedezcan . . . Padres no exasperen. Me parece interesante que de todas las verdades relacionadas con el tema, el apóstol decidió incluir sólo estas dos en sus epístolas, como si fueran las más esenciales.  ¿Por qué lo hizo? Seamos honestos, ¿Con qué tienen mayor dificultad los hijos? Con la obediencia.  ¿Y los padres? Con el uso de su autoridad. Precisamente la Biblia fue escrita para corregirnos a fin de que estemos preparados para toda buena obra.  Entonces, podríamos decir que estas verdades son como el “ABC” de las relaciones entre padres e hijos y serán el foco de estudio de este artículo.

Hijos Obedeced a vuestros Padres (Ef. 6:1-3 y Col. 3:20)

El mandamiento es claro, directo y aplicable.  ¿Qué tiene que hacer un hijo? Obedecer.  La verdad es que nosotros comenzamos a complicarlo.  Siguiendo el impulso de nuestra naturaleza rebelde comenzamos a cuestionar “Y qué tal si mi padre no es cristiano, ¿también tengo que obedecerle?”, “¿Y si la instrucción es injusta?”, “¿Y si mis padres no viven de acuerdo con sus reglas?”  “¿Y si . . .?”  Por supuesto, que hay casos en los que no se debe obedecer.  Tales casos ocurren excepcionalmente  cuando los padres le piden a sus hijos que hagan algo que, sin lugar a dudas, está en contra de la ley de Dios (Hech. 5:29).  Pero siendo honestos, tales casos ocurren muy rara vez.  La mayoría de las veces se trata de instrucciones que nos causarán más trabajo, quizá un poco de sacrificio o incomodidad, quizá hacer a un lado nuestros deseos o simplemente tener que humillarnos ante alguien más.  Por lo tanto, la mayoría de las veces, los hijos no tienen razón legítima para desobedecer. ¿A cuántos seminarios, talleres, retiros o clases tienes que asistir para saber qué debes hacer con respecto a tus padres? A muy pocos o a ninguno. Lo que Dios pide a los hijos es claro, directo y aplicable.

Dios, en su gracia, no sólo le da a los hijos el mandamiento, sino también les provee tres razones para cumplirlo.  No era necesario, bastaba con que Él lo ordenara, pero para nuestro provecho nos da las siguientes razones para la obediencia a los padres.

  • Porque es justo (Ef. 6:1). 

La palabra “justo” en este contexto no se refiere a que los padres merezcan ser obedecidos, sino tiene el sentido de “recto”, “moralmente bueno” y “santo”.  Es importante entender esto porque quizá algún hijo piense que sus padres no merecen ser obedecidos (y quizá sea cierto), pero la Biblia no está usando la palabra “justo” en ese sentido, sino queriendo decir que obedecer a los padres está en concordancia con la ley de Dios.  Si quieres hacer lo santo, lo bueno, lo recto respecto a la relación con tus padres, debes obedecerlos.

  • Porque agrada a Dios (Col. 3:20). 

Muchos hijos cristianos quieren agradar a Dios y hacer su voluntad.  Aquí tienen la clave para cumplir esa meta.  El primer paso para agradar a Dios es la obediencia a tus padres.  Puedes estar involucrado en muchos ministerios cristianos, pero si como hijo no obedeces a tus padres no le estás agrando en lo más básico.

  • Porque hay una promesa (Ef. 6:2-3)

¡Esto es fabuloso!  No sólo haces lo recto y agradas a Dios, sino también recibes bendición.  La promesa viene con una doble bendición: “Para que te vaya bien” y “tus días se prolonguen”.  ¡Cuánta protección hay para los hijos cuando obedecen a sus padres! Al obedecer a tus padres estás dentro del círculo de bendición que Dios promete a los que se deleitan en sus mandamientos.

Quizá los lectores adultos estarán cuestionando si ellos aun deben obedecer a sus padres como lo hacíanPadres e hijos cuando eran niños. Para entender esto, debemos recordar que el mandamiento original con promesa es “Honra a tu padre y a tu madre” (Ex. 20:12).  Este mandato lo debemos obedecer hasta la muerte.  Me refiero a nuestra muerte o a la de nuestros padres.  Ahora bien, este mandamiento se lleva a la práctica dependiendo de la etapa en la vida.  Cuando somos pequeños o jóvenes y estamos bajo el cobijo y responsabilidad de nuestros padres, los honramos por medio de la obediencia a sus instrucciones.  Pero cuando nos hemos independizado (Gen. 2:24) ya no tenemos que obedecerles como niños pequeños, pero aun debemos honrarles por medio de respetarlos, escuchar sus consejos, buscar una relación madura con ellos, cuidarles, atender sus necesidades y hasta proveer para ellos cuando sea necesario (1 Tim. 5:15).

Si eres un hijo o hija que vive bajo el cobijo y la autoridad de tus padres, no te pierdas más la oportunidad de hacer lo que es justo, agradable a Dios y tiene una promesa: obedécelos. Dios estableció a los padres como la autoridad sobre sus hijos.  Por eso cuando un hijo desobedece a sus padres, no está desobedeciendo sólo  al hombre sino al mismo Dios que los estableció como autoridad.  Cuando no obedeces a tus padres estás implicando que Dios se equivocó al ponerlos como tu autoridad.  La desobediencia muestra tu rebelión hacia tus padres y hacia Dios.

Si eres un hijo o hija que ya no estás bajo el cobijo y la responsabilidad de tus padres, recuerda que todavía tienes el deber de honrarles.  Si eres casado, recuerda que tu cónyuge también tiene el mismo deber.  No le impidas que lo cumpla con responsabilidad y entrega. Tanto tú como tu cónyuge abóquense a la tarea de buscar maneras particulares de honrar a sus padres.  Después de todo, también estarás marcando una pauta y ejemplo para el trato que tus hijos te darán cuando les llegue su turno.


Wilbur MaderaWMaderayesposa es Pastor de la Iglesia Nacional Presbiteriana de México desde 1997. Ha sido Decano y Rector del Seminario Teológico Presbiteriano San Pablo, de Mérida, Yucatán. Desde 1997 y hasta la fecha tiene la bendición de ser parte del equipo pastoral de la Iglesia Nacional Presbiteriana Shalom de Mérida, Yucatán.