Cómo ser feliz mañana

Escrito por: Pbro. Félix Ramírez Montalvo 

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Porque ¿qué es nuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece. Santiago 4:14

Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: “No tengo en ellos contentamiento…” Eclesiastés 12:1

Era septiembre de 1990, la última noche de la semana de inducción en la Facultad de Educación, la semana en la que recibimos la orientación para los estudios que estábamos empezando. El viernes hubo una velada con música y lo mejor: unos exquisitos bocadillos. Al igual que muchos otros compañeros, yo estaba concentrado en la comida, probando un mucho de todo. En un momento, me di cuenta que uno de mis amigos estaba comiendo poco, así que me acerqué y le pregunté por qué no estaba aprovechando la oportunidad como los hacíamos los demás. Su respuesta la tengo bien grabada: “Como poco hoy para que cuando sea viejo, pueda seguir comiendo, y de todo.” Esas palabras me enseñaron una gran lección: si hoy no hago lo que es correcto, mañana voy a lamentarlo.

Uno de los defectos congénitos en los seres humanos se encuentra en nuestro sistema de visión. Nacemos miopes. No alcanzamos a mirar hacia el futuro; nuestra visión sólo nos permite alcanzar a mirar el hoy, el aquí y el ahora. Esto es un problema serio, porque vivimos en un mundo en el que muchos de los males que hoy sufrimos se pudieron haber evitado si se hubiera actuado con prontitud y sabiduría. Todos tenemos ejemplos de compromisos o deberes que dejamos de hacer por flojera o simplemente por desidia y luego tuvimos que lamentar:

  •  No tener mejores oportunidades de empleo hoy por no haber concluido la universidad,
  •  La luz que nos cortaron en casa por no pagarla a tiempo,
  •  El partido que se perdió por no haber entrenado a conciencia,
  •  La obra de teatro que no salió bien por no haberla ensayado lo suficiente,
  •  El desperfecto en la casa que al final resultó muy caro repararlo,
  •  La enfermedad que se complicó por no ir oportunamente al médico,
  •  El examen que se reprobó por no estudiar con anticipación, etc.

Pero hay decisiones que tuvieron consecuencias mayores:

  •  Algún vicio que hasta la fecha nos ha sido difícil dejar por tanto tiempo,
  •  Haber practicado un pecado en secreto que después fue descubierto,
  •  Haber desoído el consejo temprano de los padres,
  •  No haber roto con alguna relación inapropiada,
  •  Algún descuido en la salud que se ha complicado.

Lamentablemente, no se gana nada con lamentarse. Uno de los efectos del pecado en nuestras vidas, y que casi nunca se consideran de esta manera es la flojera, la desidia, el desgano. ¿Cuántos deberes o tareas hay en nuestras vidas que sabemos que deberíamos estar haciendo ahora, y simplemente no nos da la gana de hacerlo? Es que no pensamos en el mañana. Preferimos disfrutar el momento. No queremos invertir en el futuro. Preferimos disfrutar el presente. Creemos que si no lo disfrutamos ahora, no lo disfrutaremos después. No alcanzamos a ver que nuestras decisiones de hoy afectarán nuestro mañana.
Los dos textos que ocupamos en esta ocasión no se encuentran uno después del otro, pero leídos juntos nos enseñan una sencilla lección relacionada con el problema que estamos describiendo: se puede evitar el lamento de mañana si se obedece hoy a Dios. 

Siempre estamos frente a la disyuntiva de hacer lo que Dios nos pide o lo que queremos hacer

Cada día que pasa tenemos momentos para escoger hacer lo correcto ahora o posponerlo para una mejor ocasión. Claro, esa mejor ocasión, nunca llega. Una de las maneras en que el pecado se expresa en nuestras vidas es la flojera. Y como uno de nuestros ídolos favoritos es la comodidad, preferimos dejar para después lo que debemos hacer ahora.
Nuestra desidia se complica al justificarla con ideas tales como: «luego me apuro», «no es urgente», «tengo tiempo suficiente», «no es tan complicado», «puedo pedir prórroga para terminarlo», etc.

Imagen de revistamagna.com.ar

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 El tiempo pasa de manera irremediable, y más rápido de lo que pensamos.

La gente mayor lo sabe muy bien. Santiago dice que nuestra vida es tan duradera como una neblina, o como dice Isaías, como una flor del campo. El tiempo pasa inadvertido frente a nuestros ojos y nosotros seguimos en nuestra comodidad, dejando de hacer aquello que Dios nos manda, disfrutando el placer de la inactividad. Somos como Jaimito el cartero, aquel personaje del Chavo del Ocho que justificaba su flojera con su famosa frase: “Es que quiero evitar la fatiga”.

 Mañana haremos una evaluación de nuestras vidas.

Tarde o temprano, llegará el momento en que nos detendremos a pensar en lo que hayamos hecho. En algún punto en el tiempo, nos bajaremos del tren de nuestra vida y nos sentaremos a mirar hacia atrás; y sólo podremos escoger entre la alegría que da la satisfacción por haber cumplido con nuestro deber o el lamento de haber desperdiciado tantas oportunidades para cumplir. La solución depende de lo que hagamos HOY. Salomón nos dice que una de las frases que resumen nuestra vida puede ser: “No tengo contentamiento en ellos”; es decir, “he desperdiciado mi vida”. El lamento sólo nos recordará que tuvimos la oportunidad de hacer lo correcto, pero decidimos mal.

Pero no hay razón para pensar en lamentarnos mañana si obedecemos hoy de corazón al Señor y nos esforzamos a hacer lo que él nos manda. Por eso dice Eclesiastés “Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud”. La juventud es el tiempo de las mayores y mejores oportunidades para forjar una vida que honre a Dios. Y al igual que a los jóvenes, todos debemos arrepentirnos de vivir para nosotros mismos, confiar en el poder de Dios y echar manos a la obra. Y eso es exactamente a lo que vino Cristo; a rescatarnos de vivir para nuestros deseos y vivir para él. Sabemos que tenemos todo lo necesario para obedecer a Dios. Se puede evitar el lamento de mañana si se obedece hoy a Dios.


¿Cuántas lamentos estás acumulando hoy para mañana?

¿Dónde necesitas actuar con decisión hoy? Algunas ideas:

  1. Ser más intencional en expresar tu amor a tu familia.Mañana, al estar frente a la tumba de alguno de tus hijos, de tu esposa o algún otro familiar, podrías lamentar no haberle dicho frecuentemente que los amabas o que apreciabas lo que hicieron.
  2. Guiar a tu familia a tener una relación con Dios.Mañana, cuando tus hijos vivan alejados de Dios, podrías lamentar no haber tomado la iniciativa de guiar sus vidas a los caminos de Dios.
  3. Llevarte mejor con tus hermanos. Mañana, cuando te encuentres solo y aislado y necesitado del compañerismo de tus
    hermanos en la fe, lamentarás haberte alejado de ellos, o de no haberte esforzado por fomentar la comunión con ellos.
  4. Restaurar alguna relación interrumpida o rota. Busca aquella amistad que has olvidado, de la que te has distanciado, y que alumnosquizá esté esperando verte de nuevo. Siempre que sea posible y dependa de ti, busca estar en paz con todos. (Rom. 12:18)
  5. Terminar alguna relación, o amistad que te está alejando del Señor. Mañana, cuando ya te sea imposible separarte o desligarte de alguna persona que sólo esté trayendo aflicción, sufrimiento o disgusto, lamentarás no haber terminado esa relación a tiempo.
  6. Abandonar algún pecado privado. Mañana podrías lamentar el estar pagando las consecuencias físicas, legales, o económicas.
  7. Comprometerte con la iglesia. Mañana, cuando entiendas mejor el lugar que ocupa en el corazón de Dios, cuando entiendas mejor que no hay nada como servir a Dios y a su iglesia, PERO no tengas ni el aliento, ni las fuerzas, lamentarás no haberlo hecho hoy.
  8. Hacer uso de las disciplinas bíblicas: como orar, leer la Biblia, congregarte. Cuando mañana estés ciego, o casi sordo, o imposibilitado para asistir a la iglesia, lamentarás no haber aprovechado tantas oportunidades.
  9. Usar más sabiamente tus recursos: tiempo, tu dinero, tu tiempo, tu salud, tus dones. Mañana podrías lamentar una salud diezmada: diabetes, hipertensión, etc, por no haber sido cuidadoso en tu salud.
  10. Desarrollar actitudes piadosas, como ser más paciente, más lento para enojarte. Mientras más se pone uno viejo, es más difícil empezar a hacer cambios en la vida, principalmente en el carácter.
  11. Hablarles a tus conocidos del evangelio. Mañana, cuando se hayas perdido a tus amigos o familiares sin Cristo, lamentarás aquellas horas perdidas conversando acerca de temas superficiales y desaprovechar oportunidades para influirlos con el evangelio.
  12. Ser responsable en tus estudios. Cuando mañana veas a tus demás compañeros obtener mejores oportunidades de empleo (o de ministerio), lamentarás el haberte dedicado a flojear y no hacer las tareas.

calendarioPon atención a las decisiones que debes tomar hoy; fíjate muy bien en qué estás invirtiendo los años y la vida que Dios te ha prestado. No esperes a que llegue mañana para lamentar el no haber hecho lo correcto hoy, aunque eso sea difícil, aunque eso signifique doblar el orgullo, o pasar algún tipo de incomodidad. Obedecer a Dios, hacer lo correcto siempre es mejor a la larga.

Elige hoy ser feliz mañana, haciendo hoy la voluntad de Dios. Puedes evitar el lamento de mañana si obedeces hoy a Dios. 


Félix Ramírez

Félix Ramírez

Autor: Félix D. Ramírez Montalvo
Pastor en la Iglesia Comunidad de Gracia en Mérida, Yucatán y  Profesor del Seminario San Pablo.  Síguelo en Twitter